domingo 7 de febrero de 2010

Exactos-Quinta Montaña 3

Durante aquella noche, un hombre entró en la tienda de Jacob y luchó
con él hasta el amanecer. Viendo que no podía vencerlo, le dijo: «Déjame ir».
Respondió Jacob: «No te dejaré ir si no me bendices».
Entonces el hombre le dijo: «Como príncipe, luchaste contra Dios,
¿cómo te llamas?»
Jacob dijo su nombre, y el hombre respondió: «De ahora en adelante, te
llamarás Israel».
ELÍAS SE LEVANTÓ de un salto y miró el firmamento. ¡Era ésta la
historia que faltaba!
Mucho tiempo atrás, el patriarca Jacob había acampado durante la
noche. Alguien entró en su tienda y luchó con él hasta el nacimiento del sol.
Jacob aceptó el combate aun sabiendo que su adversario era el Señor. Al
amanecer, aún no había sido vencido; y sólo detuvo el combate cuando Dios
aceptó bendecirlo.
Esa historia había sido transmitida de generación en generación para
que nadie jamás olvidara que a veces era necesario luchar contra Dios. Todo
ser humano, en algún momento, veía una tragedia cruzar por su vida; podía
ser la destrucción de una ciudad, la muerte de un hijo, una acusación sin
pruebas, una enfermedad que los dejaba inválidos para siempre. En ese
momento, Dios lo desafiaba a enfrentarlo y a responder a Su pregunta: «¿Por
qué te aferras tanto a una existencia tan corta y tan llena de sufrimiento?
¿Cuál es el sentido de tu lucha?»
Entonces, el hombre que no sabía responder a esta pregunta se
conformaba. Mientras que el otro, que buscaba un sentido para la
existencia, consideraba que Dios había sido injusto y decidía desafiar su
propio destino. Era en este momento que otro fuego de los cielos descendía:
no aquel que mata, sino el que destruye las antiguas murallas y da a cada
ser humano sus verdaderas posibilidades. Los cobardes nunca dejan que su
corazón sea incendiado por ese fuego; todo lo que desean es que la nueva
situación vuelva rápidamente a ser lo que era antes, para poder continuar
viviendo y pensando de la manera a la que estaban habituados. Los
valientes, en cambio, prenden fuego a lo que era viejo y, aunque a costa de
un gran sufrimiento interior, abandonan todo y siguen adelante.
« Los valientes siempre son obstinados.»


Desde el cielo, el Señor sonríe de contento, porque era esto lo que Él
quería, que cada uno tuviese en sus manos la responsabilidad de su propia
vida. Al fin y al cabo, había dado a sus hijos el mayor de todos los dones: la
capacidad de escoger y decidir sus actos.

Sólo los hombres y mujeres con la sagrada llama en el corazón tenía el
valor de enfrentarlo. Y sólo éstos conocían el camino de vuelta hasta Su
amor, pues entendían finalmente que la tragedia no era un castigo, sino un
desafío.

Desde que dejó la carpintería, había aceptado su misión sin discutir.
Aunque ésta fuera verdadera (y él consideraba que lo era), jamás tuvo
oportunidad de ver lo que sucedía en los caminos que se había negado a
recorrer, porque tenía miedo a perder su fe, su dedicación, su voluntad.
Consideraba que era muy arriesgado probar el camino de las personas
comunes; podía terminar acostumbrándose, y hasta gustándole.

No entendíaque también él era una persona igual a todas las otras, aunque escuchase
ángeles y recibiese de vez en cuando órdenes de Dios. Estaba tan convencido
de saber lo que quería, que se había comportado igual que aquellos que
nunca habían tomado una decisión importante en su vida’
Había huido de la duda. De la derrota. De los momentos de indecisión.
Pero el Señor era generoso y lo había conducido hasta el abismo de lo
inevitable, para mostrarle que el hombre precisa escoger y no aceptar su
destino.


Hace muchos, muchísimos años, una noche igual que ésta, Jacob no
dejó que Dios partiese sin bendecirlo. Fue cuando el Señor le preguntó:
«¿Cómo te llamas?»
Ésta era la cuestión: tener un nombre. Cuando Jacob respondió, Dios lo
bautizó con el nombre de Israel. Cada uno tiene un nombre de cuna, pero
tiene que aprender a bautizar su vida con la palabra que eligió para darle un
sentido.

Elías se levantó y rezó:
«Luché contra Ti, Señor, y no me avergüenzo. Y por eso descubrí que
estoy en mi camino porque así lo deseo, y no porque me fuera impuesto por
mis padres, por las tradiciones de mi tierra o por Ti mismo.
»A Ti, Señor, me gustaría retornar en este instante. Quiero alabarte con
la fuerza de mi voluntad, y no con la cobardía de quien no sabe escoger un
camino diferente. Mientras tanto, para que me confíes Tu importante misión,
tengo que continuar esta batalla contra Ti, hasta que me bendigas».

-Hago esto para que cada uno pueda dar un nombre a su vida. El
enemigo es apenas un pretexto para probar nuestra fuerza.

-Akbar necesita vuestra ayuda -les dijo Elías-. Y, ante eso, no os podéis
dar el lujo de ser viejos; necesitamos la juventud que perdisteis.
-No sabemos dónde encontrarla -respondió uno de ellos-. Desapareció
detrás de nuestras arrugas y nuestras desilusiones.
-No es verdad. Vosotros nunca tuvisteis ilusiones, y esto fue lo que hizo
que vuestra juventud se escondiese. Ahora es el momento de buscarla, ya
que tenemos un sueño en común: reconstruir Akbar.

Hasta ahora, sólo los niños han sido capaces de superar lo sucedido, porque no tienen un
pasado; todo lo que cuenta para ellos es el momento presente.

»Tanto vosotros como yo pertenecemos a naciones comerciantes, pero
también sabemos comportarnos como guerreros -continuó él-. Y un guerrero
es siempre consciente de aquello por lo que vale la pena luchar. No entra en
combates que no le interesan, y nunca pierde su tiempo en provocaciones.
»Un guerrero acepta la derrota. No la trata como algo indiferente, ni
intenta transformarla en victoria. Se amarga con el dolor de la pérdida, sufre
con la indiferencia y se desespera con la soledad. Pero después de que pasa
todo eso, lame sus heridas y recomienza todo otra vez. Un guerrero sabe que
una guerra está compuesta por muchas batallas. Y sigue adelante.


«Jacob luchó durante toda la madrugada, y fue bendecido al amanecer.
Yo he luchado contra Ti durante días y durante meses, y Te niegas a
escucharme. Si miras a Tu alrededor, no obstante, sabrás que estoy
venciendo: Akbar surge de sus ruinas, y vuelvo a reconstruir lo que Tú,
usando las espadas de los asirios, transformaste en cenizas y polvo.
»Lucharé contigo hasta que me bendigas, y bendigas los frutos de mi
trabajo. Un día tendrás que responderme».


pero descubrieron lo importante que era dejar vagar el pensamiento
sin rumbo, como las nubes del cielo. De esta forma, la ansiedad desaparecía
del corazón de todos, y conseguían recuperar la inspiración y la fuerza para
el día siguiente.

-Señor, hoy es el Día del Perdón y tengo una larga lista de pecados
contigo -dijo volviéndose en dirección a Jerusalén-. Fui débil, porque olvidé
mi propia fuerza. Fui compasivo cuando debía haber sido duro. No escogí,
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por miedo a tomar decisiones equivocadas. Desistí antes de tiempo, y
blasfemé cuando debía agradecer.
»Sin embargo, Señor, tengo también una larga lista de Tus pecados para
conmigo. Me hiciste sufrir más de la cuenta, llevándote de este mundo a
alguien a quien amaba. Destruiste la ciudad que me acogió, confundiste mi
búsqueda, Tu dureza casi me hizo olvidar el amor que siento por Ti. Durante
todo este tiempo he luchado contigo, y no aceptas la dignidad de mi
combate.
»Si comparamos la lista de mis pecados con la lista de Tus pecados,
verás que me estás debiendo. Pero, como hoy es el día del Perdón, Tú me
perdonas y yo Te perdono, para que podamos seguir caminando juntos.
En ese momento el viento sopló, y él sintió que su ángel le hablaba:
-Hiciste bien, Elías. Dios aceptó tu combate.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Se arrodilló y besó el suelo árido
del valle.

-¿Cuando un guerrero lucha con su instructor, acaso lo está
ofendiendo?
-No. Es la única manera de aprender la técnica precisa.
-Entonces continúa hasta que el Señor te llame de vuelta a Israel -dijo el
ángel-. Levántate y continúa probando que tu lucha tiene un sentido, porque
supiste cruzar la corriente de lo inevitable. Muchos navegan por ella y
naufragan; otros son arrastrados hasta lugares que no les estaban
destinados. Pero tú enfrentas la travesía con dignidad, supiste controlar el
rumbo de tu barco e intentas transformar el dolor en acción.

-Espero que te comportes como los hombres que están ante una
segunda oportunidad: no cometas el mismo error dos veces. Nunca te olvides
de la razón de tu vida.

Elías pensó un poco y vio que estaba equivocado. La destrucción de
Akbar era necesaria para que las fuerzas que dormían dentro de todos ellos
pudieran despertar.

«Ya hace mucho tiempo que el viento del desierto apagó nuestros pasos
sobre la arena. Pero en cada segundo de mi existencia recuerdo lo que
sucedió, y tú continúas caminando en mis sueños y en mi realidad. Gracias
por haberte cruzado en mi camino. »

«Recuerda el camino por el cual el Señor te guió, para humillarte, para
probarte, para saber lo que había en tu corazón.
«Para que no suceda que después de haber comido y estar harto,
después de haber edificado buenas casas y habitado en ellas, después de
haberse multiplicado tu ganado y tu rebaño, eleves tu corazón y te olvides
del Señor tu Dios.»

Estábamos demasiado
acostumbrados a nuestras vidas, y ya no leíamos Sus palabras.
-¿Dónde están escritas?
-En el mundo que te rodea. Basta prestar atención a lo que sucede en
tu vida y descubrirás, en cualquier momento del día, dónde esconde Él Sus
palabras y Su voluntad. Procura cumplir lo que te pide; ésta es la única
razón de tu estancia en este mundo.
-Si lo descubro, lo escribiré en las tablillas de barro.
-Hazlo si quieres. Pero más importante es que las escribas en tu
corazón; allí ellas no podrán ser quemadas ni destruidas, y tú las llevarás
dondequiera que vayas.

-¿Siempre es preciso partir?
-Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si
insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la
alegría y el sentido del resto. Y te arriesgas a ser reprendido por Dios.


El Señor acostumbraba mandar a sus profetas subir las
montañas para conversar con Él. Yo siempre me pregunté por qué lo hacía, y
ahora entiendo la respuesta: cuando estamos en lo alto, somos capaces de
ver todo pequeño.

Nuestras glorias y nuestras tristezas dejan de ser importantes. Aquello
que conquistamos o perdemos queda abajo. Desde lo alto de la montaña, tú
ves cómo el mundo es grande y los horizontes, anchos.

-¿Dios puede ser malo? -insistió el niño.
-Dios es Todopoderoso -respondió Elías-. Él todo lo puede, nada le está
prohibido, porque, si no, existiría alguien más poderoso y más grande que Él para no dejarle hacer ciertas cosas. En este caso, yo preferiría adorar y
reverenciar a este alguien más poderoso.

-Sin embargo, por causa de su infinito poder, Él escogió hacer
solamente el Bien. Si llegamos hasta el final de nuestra historia, veremos
que muchas veces el Bien está disfrazado de Mal, pero continúa siendo el
Bien, y forma parte del plan que Él creó para la humanidad.

Cuenta la Biblia:
«Al mediodía, Elías se burlaba de ellos diciendo:
Clamad en altas voces, porque él es dios; puede ser que esté meditando,
o viajando, o durmiendo.”
»Y ellos clamaban en altas voces y se herían con cuchillos y lancetas,
pero no hubo voz, ni respuesta, ni atención alguna.
»Elías, entonces, cogió a su animal y lo ofreció según las instrucciones
del ángel del Señor. En este momento, el fuego del cielo descendió y
”Consumió el holocausto, la leña, las piedras”. Minutos después una fina
lluvia abundante cayó, acabando con cuatro años de sequía.»